4 nov. 2007

Bibliografía BDSM


WISEMAN, Jay
BDSM: introducción a las técnicas y su significado. Edicions Bellaterra. ISBN: 8472902641, 544 pgs

Traductor: Bartomeu Domènech. Prólogo a cargo de: Olga Viñuales y Fernando Sáez.

Bajo este título se esconde una aproximación mínimamente rigurosa al universo del bondage, la dominación, la disciplina, la sumisión y el sadomasoquismo. No podemos obviar que este libro (de lo poco que hay en español) no es sólo un conjunto de prácticas y actitudes más o menos ritualizadas erigidas en torno de la consecución del goce a través del dolor, la humillación, la inmovilización etc. Sino que también, esta obra incorpora todo un conjunto de conocimientos que incluye normas, formas de vida y de relación entre personas, valores, símbolos y significados en continua transformación.
Conocer el BDSM es penetrar en un ámbito que no deja indiferente a quien se atreve a emprender semejante aventura. Es adentrarse en un ámbito que cuestiona muchas de las categorías fundamentales que tradicionalmente sirven de legitimación de gran parte de nuestras instituciones más rígidas y blindadas a la posibilidad de revisión y adecuación a la realidad social; es inquirir la validez de nuestros conceptos de placer, juego, rol, estatus, igualdad, respeto, consenso, fantasía, y otros muchos cuyas bases creemos sólidas y bien fundadas, y que, sin embargo, la simple lectura de este libro sirve, si no para derribar, sí para poner en entredicho.
En definitiva, lo que este libro puede aportar al lector es una concepción de la sexualidad en la que parece lícito buscar el placer de la mejor manera que sepamos o creamos que podemos obtenerlo, siempre en los límites del respeto hacia el deseo y la voluntad de los otros, claro está.



Diccionario multilingue de BDSM
Autores: Bartomeu Domènech y Sibil.la Martí
Edicions Bellaterra. 2004, 256 págs.

Hoy en día, los servidores de irc a través de Internet se han convertido en uno de los principales medios de socialización de masas, con canales que abarcan casi todas las temáticas imaginables. Pero la red sigue siendo un ámbito donde los tecnicismos son, básicamente, anglicismos.
Muchos ámbitos se nutren principalmente de anglicismos, y entre ellos el BDSM; palabras como plug o switch no nos son desconocidas a los que nos movemos en él. No podemos dejar de recordar una charla en la que alguien ironizó sobre el tema, preguntándonos si apretábamos reproducir o play en el vídeo; de hecho, ni lo uno ni lo otro, porque nuestro aparato es francés y por eso apretamos reproduire: los franceses, acusados de chovinistas, defienden y promueven lo que les es propio y, si es necesario, adaptan al francés los anglicismos. Por otra parte, con el mestizaje y la globalización imperantes hoy y aquí, lo que caracteriza a un pueblo es, precisamente, la lengua, por lo que una señal de orgullo de la propia identidad de una nación es, sin lugar a dudas, la aparición de neologismos y de términos adaptados en temáticas hasta entonces plagadas de anglicismos.
Y es esta idea la que tiene que prevalecer también en aquellas áreas de la vida social en que nos movemos pero que mayoritariamente se consideran prácticas tabú, si no muy alternativas. La idea que tiene mucha gente del BDSM es la de un submundo lleno de violencia y abusos, donde impera el cuero, los látigos y los tacones de aguja. Nada más lejos de la realidad.
Aunque prácticamente desconocidos por el gran público, autores como Jay Wiseman o Brenda Love se han encargado de publicar ensayos y obras de divulgación en que se muestra que el BDSM es, por encima de todo, una actividad sana, segura y consensuada. Tres pilares sobre los que se sostiene y en los que la falta de sólo uno de ellos convierte la actividad en sexo alternativo, cuando no directamente en abuso. Pero nunca en BDSM.
Así pues, con una intención divulgativa y de normalización, nace la primera edición de un diccionario que espera nutrirse, y saberlo hacer, de los avances que en el campo del BDSM se hagan. Y normalización no sólo lingüística, sino también de la propia actividad o filosofía BDSM, ya que, cuanta más documentación se genere sobre ella, más conocida será y, por tanto, aceptada como algo que no está poblado de depravados y enfermos mentales, sino de personas juiciosas y equilibradas que practican una cosa sana, segura y consensuada.

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